La península sorrentina tiene
un paisaje único en el mundo en el que se alternan colinas,
profundos barrancos, majestuosas montañas donde grandiosa ha
sido la obra del hombre, que ha modificado las zonas más
inaccesibles transformándolas en las famosas terrazas que se van
degradando hasta el mar, en las que ha cultivado naranjas y
limones. Son los deliciosos huertos de los que en la primavera
exhala un perfume embriagador. El clima suave y seco durante
casi todo el año hace de la Península Sorrentina una meta ideal
para todas las estaciones.
Si llegan por tierra les dará la bienvenida Vico Equense,
que aparece con su castillo; con su austero Moote Faito (1400
metros) les permite pasar del mar a la montaña en pocos minutos.
Y luego Meta, secreta, cuyos antiguos caserones y cuyas
playas soleadas son dignas de ser descubiertas; Piano di
Sorrento, una pequeña ciudad vivaz que mezcla con maestría
su propia identidad marítima con la rural y la de ser el activo
centro comercial de la península; su baja colina está atravesada
por callejuelas a cuyos lados altas paredes encierran antiguos
huertos de cítricos. Y además Sant’Agnello, asomada al
mar sobre un acantilado de toba, que ha encantado a la casa real
de los Borbones y a príncipes de toda Europa, que han construido
aquí villas fabulosas. Asomada al mar y rodeada por sus colinas,
aparece Sorrento, ciudad internacional. Su centro
antiguo, sus puertos, sus huertos de cítricos; y por ifn se
llega a la amenísima Massa Lubrense, extremidad de la
Península, recostada ante Capri, un oasis natural con
innumerables senderos entre antiguos caserones, villas
arqueológicas, vegetación mediterránea y panoramas
indescriptibles, con un mar y sol de encanto.
Esta tiera ha sido amada por los españoles que la han gobernado
durante toda la edad moderna por la abundancia de fruta, pescado
y aves, carnes y quesos. Después, en el siglo XVIII la península
sorrentina fue descubierta por el Gran Tour, e intelectuales de
toda Europa, como Nietzsche e Ibsen encontraron en ella alimento
espiritual y cultural inaugurando el gusto de vivir en una villa
que ha hecho de la Península una meta ambicionada para un
turismo exclusivo.
Hoy las villas aristocráticas se alternan con prestigiosos
complejos hoteleros, casas de turismo rural, cuya comodidad es
de altísimo nivel y forman parte de una amplia red de servicios
turísticos. En un clima ordenado y seguro, cada uno transcurre
sus vacaciones ideales: podrá elegir entre naturaleza y
silencio, salud y cultura, baños y curas termales en las aguas
del Scrajo, excursiones en barca, paseos naturalísticos,
excursiones a lugares arqueológicos de las necrópolis de Aequa y
del Deserto y visitas guiadas al Museo Mineralógico, Museo
Correale, Museo Bottega della Tarsia Lignea, Villa Fondi), a los
barrios antiguos con sus monasterios y claustros, como el de S.
Francesco de Sorrento, y a los antiguos caserones con sus
iglesias pintadas al fresco, como la Capilla de Santa Lucia de
Vico Equense, pero también deportes y manifestaciones
cinematográficas de resonancia internacional, espectáculos
teatrales, locales nocturnos, etc.




